GERMAINE DERBECQ

LE QUOTIDIEN

27 de Agosto de 1957

LAS EXPOSICIONES: MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES | KUNST EN VISCONTEA | PINTURA NO FIGURATIVA EN SOCIEDAD HEBRAICA

Por Germaine Derbecq


Las Exposiciones


En el Museo Nacional de Bellas Artes: Arte Americano - Homenaje a los delegados de la Conferencia Económica Interamericana


En Viscontea: Móviles de Mauro Kunst – Esculturas, construcciones móviles


En la Sociedad Hebraica: Pinturas no figurativas – Elogio del “pequeño formato”


El Museo de Bellas Artes participa con una exposición de Arte Americano a un evento de la vida del país y de la Capital: la Conferencia Interamericana que tiene lugar en este momento en Buenos Aires.

No le podemos pedir a esta exposición que muestre una visión general de la calidad del arte americano; la organización improvisada fue propuesta más como un gesto de cortesía que como objetivo artístico. Fue necesario encontrar entre los coleccionistas argentinos y en el fondo del museo obras de cada uno de los países americanos.

Si embargo, podemos de todas maneras darnos cuenta que la influencia del arte europeo es poco sensible en las obras de América Central, mientras que es esencial en las de los Estados Unidos y de América del Sur.

El dramatismo, el exotismo, el folklore, lo decorativo y casi siempre lo figurativo caracterizan la mayoría de estas obras.

El brasileño Portinari y el cubano Wifredo Lam, los dos grandes maestros de América ibérica son representados cada uno por dos pinturas. Estos artistas poseen un poder de persuasión poco común. En uno es el dramatismo de una violencia excepcional, un paroxismo desencadenado; en el otro, un exotismo auténtico, tal vez herencia de tres razas reunidas, comunicando a las obras una resonancia compleja, en la que se agregan todavía destellos de plasticidad europea, sin embargo, sin alterar la sabia original. Ellos tampoco pueden ser juzgados por las obras de esta exposición. Portinari, el pintor con personalidad múltiple, expresa aquí solo la faceta dramática, en cuanto a Wifredo Lam, conocido por sus formas extrañas y su exuberancia, está aquí calmo y sobrio —sin perjuicio de los colores y de los símbolos cargados de fuerzas oscuras—. Sería bueno que un día Brasil organice una exposición completa con obras de Portinari, lo mismo para Cuba, una de Wilfredo Lam.

Entra las otras obras interesantes, las de tres chilenos: Carbacho, González y Luis Varas Rosas —que vivió en París—, un cuadro encantador que nos recuerda al pintor surrealista André Masson. Dos uruguayos muy conocidos y muy parisinos: Pedro Figari, que logró el desafío de ser plástico-folklórico-ingenuo, Torres García, que pasó de la expresión sensible a un constructivismo. Encontramos también al brasileño Aldeo Martins, cuyo grabado es muy decorativo, una tercera pintura de Portinari, obra de juventud sin dudas, la marca sensible de Lazare Segall, algunos cubanos: Carreño, Orlando, Oswaldo, René Alis Portocarrero y otras obras de artistas de Colombia, de Guatemala, de México, de Ecuador, de Bolivia, de Paraguay y de Estados Unidos.

Por el lado de las esculturas, América del Norte está representadas por una obra excepcional, un móvil de Calder —que no está puesto en valor— y por una escultura decorativa de Flamagan. Chile por Lorenzo Domínguez, Brasil por Bruno Giorgi y Argentina por Noemí Gernstein,

En cuanto a las pinturas argentinas, estas fueron seleccionadas según dos tendencias. Figurativa: Daneri, Victorica, Spilimbergo. Abstracta: Del Prete, Ocampo, Sarah Grilo. Los une Pettoruti.

Todas las obras están netamente influenciadas por los movimientos pictóricos que se fueron sucediendo en Francia desde principios de siglo. Lo que pierden en carácter y en originalidad lo ganan en plasticidad y en marcas sensibles, una cosa compensa a la otra, no hay que quejarse.


El estudiante de arquitectura Mauro Kunst expone en la Galería Viscontea tres “móviles” que testimonian su comprensión plástica y su sentido poético.

Los móviles son ingeniosas construcciones metálicas, o de nylon, de las cuales se balancean en las extremidades, o entre ellas, pequeñas formas de colores. La particularidad de estas construcciones, suspendidas o en el suelo, pero desplegándose en el espacio, es su movilidad. Ante la menor corriente de aire se animan como si buscaran incansablemente encontrar una estabilidad en un verdadero movimiento perpetuo.

Es el escultor americano Calder quien fue el primero en imaginarlas. Se las llamaba “móviles” e incluso “esculturas”. Es evidente que, si nos apegamos al sentido literal, el término “escultura” es impropio, pero no lo es si admitimos que una escultura es un volumen que corta el espacio, sugiriendo las profundidades, por lo tanto, los volúmenes, por la superposición de los planos limitando el espacio para las pequeñas formas.

Los móviles de Calder sugieren a menudo una flor maravillosa, como una síntesis de un árbol o de una planta, dotados de movimiento ellos también. Los de Mauro Kunst tienen otro carácter, a veces oriental, otras veces arquitectónico.


El prólogo del catálogo de esta exposición no figurativa pone el acento en el “pequeños formato” de las obras. Los de mi generación no pueden haber olvidado “Tout Petits”, una exposición —un siniestro recuerdo— organizada en una galería muy parisina. El formato no excedía el de una postal y la estética similar.

Pero aquí los expositores fueron muy bien elegidos. Los mejores cuadros son sin dudas los de Lidy Prati, que no respetan el reglamento del formato. Estas muy lindas pinturas de tendencia concreta, incluso concreto ortodoxo. Una comprensión personal sutilmente inteligente de problemas plásticos permite a esta artista encontrar sus propias soluciones. Clorindo Testa, más misteriosos que nunca, está muy cómodo en el pequeño formato. Chab, surrealista, un poco al extremo. Sakai desliza grafismo japonés en el manchado. De la Vega parece más expresivo de siempre. Encontramos también a Álvarez Borda, Di Segni, Anita Payro y Villalba.

Esta exposición agradablemente disparatada, ¿va a contribuir —como lo desea el prologuista—a valorizar el pequeño formato? Sabemos muy bien que dos manchas de color sobre un pequeño papel toman el aspecto de una obra maestra. Tememos que se trate de fomentar lo fácil. Pero siempre hay que confiar cuando hay buenas intenciones.


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